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PANADERÍA "LA MODERNA"

La Panadería y Confitería "La Moderna" abrió sus puertas un 6 de enero de 1922, en San Francisco del Monte de Oro (San Luis). Fueron sus dueños Don Jacobo Alume (sirio), fallecido en 1954, y su esposa Doña Teodora Vega (española), fallecida en 1961. Esta empresa familiar fue continuada por las sucesivas generaciones, llevando actualmente el nombre “Abuela Teodora”.   

Local ubicado en Avenida Centenario y Belgrano (foto 2019).

El siguiente es un recuerdo de la escritora María Delia Gatica de Montiveros, en su obra “Tres Lustros en San Francisco del Monte de Oro”: 

Constituyó el matrimonio Alume Vega una familia de numerosa descendencia, de la que algunos se distinguieron en la comunidad y en la provincia. El oficio de don Jacobo era el de panadero, aunque antes había sido sodero con los Vega. La panadería ocupaba la esquina de la casa. El pan de lo Alume era buenísimo. ¡Y que decir de las variadas tortas y deliciosas masitas! Constituyeron para mi una permanente atracción. Don Jacobo fue con su panadería un pionero en San Francisco”. 

Primo Feliciano Abaca

Nacido un 9 de junio de 1909, Primo Feliciano Abaca era oriundo de un paraje rural del noroeste del departamento Ayacucho, según el relato de sus familiares. Posteriormente, siendo niño aún, se radica en la localidad cabecera San Francisco del Monte de Oro. Aquí, desde la pobreza y la orfandad, pudo construir dignamente su propio ascenso social, con sacrificio y trabajo. 

Primo F. Abaca

Siendo empleado de la prestigiosa “Casa Blanchet" (San Martín y Centenario), aprendió los secretos del arte de comerciar. Mas adelante, logró establecer su propia casa comercial, la mencionada “Casa Abaca" (San Martín y Pringles), atendida por su propio dueño. Fue uno de los almacenes de ramos generales más importantes en su momento, llegando a contar con tienda, barraca y hasta expendedora de combustibles.

En 1944 la función pública lo convocó y ejerció como máxima autoridad municipal. Posteriormente, continuó atento a cuanto pudiera contribuir para el progreso local. Colaboró con distintas instituciones y ayudó a numerosas personas. Impulsó el deporte y organizó eventos sociales. Integró algunas de las comisiones que se formaron con el fin de lograr un edificio propio para la Escuela Normal. Además, tuvo el loable gesto de donar un terreno para la construcción del actual edificio del Correo Argentino, que se inauguró en 1967.

Don Primo Feliciano Abaca falleció el 7 de julio de 1989, pero su recuerdo, al igual que su icónica esquina, aún perduran en esta comunidad. 

La "Casa García"

Ramón García nació en España, siendo sus padres Don José Ramón García y Doña Josefa García Fernández. Al igual que miles de sus compatriotas, emigró a la República Argentina, en búsqueda de un mejor porvenir. Aquí se radicó en la provincia de San Luis, más precisamente en San Francisco del Monte de Oro, poblado norteño de conocida tradición cultural.

Ya inserto en esta sociedad, contrajo matrimonio con una distinguida dama de la sociedad local, la docente Orofila Pérez. Este matrimonio vivió en una suntuosa casa, que para el año 1912 ya estaba concluida. La misma se erigió en un punto privilegiado, a mitad de cuadra de calle Belgrano, frente a la céntrica Plaza Pringles.

Dedicado de lleno al rubro comercial, estableció uno de los dos negocios de ramos generales más importantes de principios del siglo XX: La “Casa García”, cuyo vasto local se extendía hasta la esquina de Centenario. Este enorme comercio contaba con tienda, almacén, ferretería, zapatería, ropería y barraca.

Casa García, San Francisco del Monte de Oro
Vista de la casa comercial y la vivienda familiar, hacia 1926.

La actividad mercantil le permitió a García amasar una basta fortuna. Era también agente del Banco Español del Río de la Plata. Sin embargo, a pesar del éxito comercial, nunca logró su ambicionada hegemonía. A pasos del lugar, se erguía su principal e histórico rival: La “Casa Blanchet”, del progresista vecino Don José Blanchet (1876-1942).

La casa central de Blanchet se ubicaba en Centenario y San Martín, contando con sucursales en Quines, La Botija y el Totoral. Su residencia particular, fue el lujoso chalet construido por su hermano Ricardo, emplazado a una cuadra. Blanchet fue además presidente de la Comisión Municipal en dos oportunidades, llevando adelantes importantes obras públicas. 

La batalla comercial entre los dos empresarios, a la vez políticamente enfrentados (García era liberal y Blanchet radical), alcanzó repercusión provincial en los momentos más álgidos. En 1924, la prensa criticaba uno de los métodos con que presuntamente ambos capitalistas se atacaban, la difusión de escritos con injurias:

“En la propaganda comercial, al público interesa menos los insultos entre personas que la suba o baja del azúcar y la yerba (…). No menos de 13 años hace que los dueños de dichas casas se vociferan las mismas y ninguno de ellos ha podido probar que nos quiere mejor”.

Más allá de este cuestionable vicio, al final anecdótico, ambas figuras eran ciudadanos muy respetados. No exentos de defectos, desde sus lugares aportaron su grano de arena al crecimiento del pueblo. Fueron claros exponentes del progreso en una “época de oro”, aunque con grandes contrastes, dadas las profundas desigualdades sociales de ese entonces.

Volviendo a la famosa contienda, cuyo final no se vislumbraba cercano, en un artículo del diario La Reforma se les recomendaba a los beligerantes: "Que aprendan a sujetar sus perros, como aconseja Goethe y el que lo haga primero y mejor habrá ganado en nuestro concepto, una batalla comercial”.

Inesperadamente, el 13 de mayo de 1933, Don Ramón García, a la edad de 53 años, es asesinado a balazos por Lucilo Andino, uno de sus propios empleados. El criminal fue detenido sin mayor demora y se le instruyó sumario. Ese día y con urgencia, el Sr. Jefe de Policía puso el hecho en conocimiento al Juez del Crimen, resolviendo trasladarse con su Secretario a San Francisco.

La muerte del malogrado comerciante causó honda impresión en esta comunidad, en la que había participado activamente en su fomento por décadas. Cabe mencionar que García formó parte de la asociación fundadora de la Biblioteca Popular en 1910, fue el Secretario de la Sub-Comisión Pro-Plaza de 1921 y llegó a ser electo como miembro de la Comisión Municipal en 1925.

Tras su lamentado deceso, su esposa Orofila Pérez, que no tuvo hijos, se recluyó en un riguroso luto, muy comentado en ese entonces. El estricto encierro, que perduró doce meses, concluyó con un solemne funeral que mandó a celebrar en el aniversario. Se dice que continuó limitando toda su vida social hasta el final de sus días, falleciendo el 9 de abril de 1947.

Aspecto actual de la esquina de Centenario y Belgrano.

En el local comercial, funcionaría posteriormente la renombrada tienda “Blanco y Negro”, de los hermanos Sananes. Pero de a poco el recuerdo de lo que fue la vieja “Casa García” se iría esfumando. Sobrevive aún en pie el largo edificio del negocio, aunque con modificaciones. Contiguamente, luce mejor preservada la vivienda familiar, afortunadamente con los detalles originales casi intactos.

Fachada de la histórica casa de calle Belgrano.

Cuenta el relato de una vecina de nuestro pueblo, de 90 años de edad, que Ramón García era aficionado a la colombofilia, y cuando dejó trágicamente este mundo, todas sus palomas volaron para jamás regresar.  

Lápida de su tumba (cementerio local). 

LOS COMERCIOS HACIA LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX

Por aquella época eran muy comunes las llamadas “pulperías”, un tipo de establecimiento comercial originado en el siglo XVI. María T. Carreras de Migliozzi, en Manantial de Tradiciones, las define como “comercios de ramos generales y a la vez centros de reunión de cantores y “guitarreros”. 

Agrega además que generalmente estaban divididas en dos sectores: uno destinado a la venta de diversa mercadería (comestibles, cueros, velas, herramientas, utensilios de cocina, telas, remedios, etc.) dispuesta en una estantería; y el otro dedicado al expendio de bebidas, cuyo mobiliario estaba compuesto por un mostrador, mesas y sillas. 

Las pulperías fueron muy comunes en el siglo XIX
"La Pulpería", obra de Juan Pallière
(imagen ilustrativa)

Sobre los negocios que había en San Francisco en dicha época, Liberato Tobares indica que en 1857 se registraban los siguientes dueños: Pedro José Olguín, Francisco Varas, Eugenio Laborda, Benifico Moyano, Gregorio Laborda, José Núñez y Francisco Varela; mientras que para 1866 tenían "negocios de tienda, almacén y pulpería" los hermanos Mariano y Juan Carreras (capital  de  $2.000),  Miguel Pastor (capital de $5.000), Doña Dolores Sosa de Núñez, capital con Don Nicolás Jofré ($1.000), Acielo Camargo  en  sociedad  con  Amador  Lucero (capital  $500) y Don Miguel  Pérez. Tenían también pulpería Julio Lutges y Francisco Rivadeneira (capital de $200 cada uno)1. El historiador señala que las varas, pesas y almudes utilizados eran arbitrarios y no coincidentes.

Por su parte Carmen Guiñazú de Berrondo, en su libro El Búho de la Tradición, mencionaba la "casa, habitación y almacén" de Domingo López, en la Banda Sur de San Francisco. Cuenta que ahí, según se decía, en más de una ocasión jugó a los naipes el celebre gaucho sanjuanino Santos Guayama. 

1Archivo Histórico de San Luis, Carpeta Nº 171 doc. 19.180, 3-2-1866

Bibliografía
  • Carreras, M. T. (2004). Manantial de Tradiciones (p. 7).
  • Guiñazú, C. (1924). El Búho de la Tradición (p47).
  • Tobares, J. L. (1996). Noticias para la historia de los pueblos de San Luis (p110).

Un panorama hacia mediados de los ‘60

San Francisco del Monte de Oro

Siendo cabecera de Ayacucho, hacía décadas que ya contaba con numerosas dependencias estatales. Encabezaba la lista, la Municipalidad, Jefatura de Policía Departamental, Registro Civil, Juzgado de Paz, Oficina de Correos, Receptoría de Rentas, Hospital San Roque, Dispensario Provincial y Centro de Salud de la Nación. A nivel educativo, funcionaban instituciones como la Escuela Normal, Escuela Nacional N°24, Escuela Provincial N°48 y Escuela de Adultos N°15.

En cuanto a la actividad privada, figuraban el Sanatorio San Francisco, médicos clínicos, odontólogo, importante comercio minorista, tiendas, ramos generales, despensas, carnicerías, verdulerías, librerías, bazares, dos farmacias, zapaterías, carpinterías, etc. A nivel hospedaje se destacaban la Hostería Fiscal de Turismo, Hotel Martín, Pensión Guzmán y otras más que cubrían por ejemplo la necesidad de alojamiento para estudiantes y profesionales de otras latitudes.

También había confitería con pista de baile, Biblioteca Pública, Tiro Federal Ayacucho, Club Sportivo Pringles y numerosos balnearios, como la laguna del Esteco, Las Palmas, Los Gringos, El Guanaquito, Rio de Gómez, Quebrada de López y del Matadero. A ello se le sumaba sus lugares históricos, siendo el más importante la “Primera Escuela de Sarmiento”, declarada Monumento Histórico Nacional en 1941.


 Lo cierto es que, habiendo sido en épocas pasadas uno de los núcleos más habitados, para mediados de los ’60 su población venía en disminución. El último Censo Nacional (1960) había arrojado 1864 habitantes, lo que significaba objetivamente 481 menos que en 1947. Algunos observadores de la época atribuían esto a distintos factores, como la falta de una actividad rural correctamente planificada o la decadencia de la minería terminadas las guerras mundiales. Tampoco había industrias, a excepción de los aserraderos.

Sea cual fuere la explicación, la zona estaba atravesando una etapa donde muchos dejaban su lugar de origen en búsqueda de oportunidades y nuevos horizontes. La consecuencia de todo esto fue un relativo estancamiento en el progreso del valle, que no se justificaba teniendo en cuenta sus favorables condiciones naturales y su posición con respecto a otros centros cercanos. Ante ello, una de las propuestas para lograr la reactivación económica era el fomento del turismo. 

Bajo el sugestivo título “Un paraíso ignorado por el hombre”, en 1966 un cronista anónimo de El Diario de San Luis describía en un deleitante relato su visita a la localidad. Dicho texto, donde se daba a conocer distintos atractivos naturales y culturales, tenía una clara intencionalidad de conquistar potenciales visitantes y con ello ayudar al crecimiento económico. Mas de medio siglo después de haber sido publicado, comparto a continuación un extracto del citado artículo:

UN PARAÍSO IGNORADO POR EL HOMBRE (anónimo). 
 “San Francisco es un hermoso valle enclavado entre serranías; rodeado al este y al sur por las Sierras de San Luis y al norte y oeste por una cadena de altas lomas, da la impresión de un enorme cofre, en el que se pretendiera atesorar toda la belleza con que la naturaleza lo dotara tan prodigiosamente. 
Vamos a pasar una jornada en el Valle y sus cercanías. Nace la aurora, un imponente disco de oro, se va dibujando lentamente sobre la cima de los cerros y su luz que cada instante se hace más brillante, baña el valle dando vida y color al pueblo que despierta, todo toma sus formas, añosos árboles, erectos álamos en disciplinada formación, sus calles, sus casas salen lentamente de las sombras; millares de pájaros entonan sus conciertos matinales como si con ellos quisieran rendir tributo a la magnificencia del paisaje; zorzales, reyes del bosque, jilgueros, picahuesos, cardenales, etc. y hasta el pequeño rum-rum, con su canto de matraca, quiere expresar su alegría de vivir. 
Pronto darán comienzo las clases, un enjambre de guardapolvos blancos pone la nota alegre en el ambiente, centenares de niños con su acostumbrada algarabía transitaran por las calles en procura de la escuela; pronto se iniciarán las actividades comerciales, camiones, autos, carros, motos, jinetes bien montados y hasta el humilde burrito con sus alforjas, poblaran las calles logrando el ritmo que dará al pueblo aspecto de pequeña ciudad. 
Después del almuerzo, salimos a recorrer los alrededores del pueblo. Nos situamos en la Banda Sur, allí una modesta placita limpia y bien cuidada, lleva el nombre del gran maestro de América, a menos de cien metros, un templete de cemento protege el histórico rancho, a su lado una imponente escuela primaria, lo honra con su nombre también y así en ese ambiente, vivimos el recuerdo del padre de la enseñanza argentina, todo nos habla de él, la plaza, la escuela, la iglesia y el viejo rancho, evocan su austera e ilustre figura. 
Con solo viajar seis kilómetros, llegamos a la Quebrada de López, allí entre imponentes cerros, un hermoso dique nivelador, rompe la salvaje y agresiva belleza del lugar; un rio baja de lo alto del cerro como pretendiendo escapar de su soledad haciendo serpentear sus cristalinas aguas entre rocas, tan límpidas y claras, que a través de ellas se perciben los colores de las piedras que descansan en su lecho, y su dulce frescura invita a un baño reparador. 
Volvemos a nuestro punto de partida, desde allí nos dirigimos por otro camino a la laguna Esteco, un delicioso lugar para pasar el día, encajada entre enormes rocas, profunda y fresca con un bosquecillo natural a su lado, hacen de ella un lugar obligado de descanso del viajero; un kilómetro más y estamos en El Vallecito. Un panorama indescriptible de nos ofrece a la vista capaz de extasiarnos, millares de palmeras festonean la falda serrana, una inmensa mole de granito emerge cual centinela, celoso custodio de tanta belleza; en ella Sarmiento solía pasar sus horas de ocio dedicado a la lectura, más allá, piedra pintada, una gruta donde se pueden ver pinturas indígenas; después, El Rincón, Pie de la Cuesta, camino a La Carolina, lugares pródigos en bellezas naturales. 
Nuevamente en San Francisco, aún nos queda ver El Palmar, Río Juan Gómez, Las Chacras; inútil seria pretender seguir describiendo tanta belleza, solo al verla se podrá apreciar en toda su magnitud. 
Se aproxima la noche, miramos al naciente, a cada instante los cambios de color nos ofrecen un nuevo panorama, y los cerros influenciados por las sombras de sus propios perfiles que les da el sol en su agonía, toman formas fantasmagóricas. Poco a poco, nos envuelve la noche, centenares de aves rezagadas cruzan el espacio en demanda de nidos, mientras el diáfano cielo se va tachonando de estrellas hasta formar un negro mano cuajado de diamantes; y la divina Cruz del Sud luce majestuosamente... 
Ya es noche cerrada, a lo lejos se hace oír una nota quejumbrosa, es el lamento del crespín que, con su canto triste y agorero, quiere expresar todo el dolor de amante abandonado. 
Así es San Francisco, un rincón paradisíaco en el que Dios con sus prodigiosas manos, sembró bellezas por doquier. Así es San Francisco, una belleza ignorada”. (El Diario de San Luis, 4 de octubre de 1966, pág. 5). 
Parte de la publicidad en la edición del 4 de octubre de 1966
(pág. 7)

ANEXO

Avisos publicitarios del Diario de San Luis en la edición del 4 de octubre de 1966.

CASA CARRIZO: concesionario "SIAM", artículos para el hogar y librería;
CONFITERÍA "9 DE JULIO": bar, confitería, pizzería, bailes;
COOPERATIVA SAN FRANCISCO Ltda. (e.f.).: agrícola, ganadera y de vivienda;
DESPENSA Y FRUTERÍA, de Pedro Sarmiento;
Dr. W. Logwinczuk;
"EL PORVERNIR";
EMPORIO SAN FRANCISCO, de Alfredo Velazco, representante exclusivo de PEPSI COLA;
ESTABLECIMIENTO "LOS NOGALES": Plantación Frutícola;
FARMACIA "FATIMA", de María Isabel Orozco de González;
FARMACIA SAN FRANCISCO, de Carlos W. Piscitelli;
FORTUNATO SALAMA: "Todo para el buen vestir";
GUITARRAS "LA PUNTANA", de Máximo Heredia;
KIOSCO DE JOSÉ R. JOFRE: diarios, revistas, golosinas, salón de lustrar;
LA FAVORITA: ramos generales, de M. M. Ortega;
MERCADITO POLO: de Agustín Lozano;
OJEDA, PEREZ Y ALMADA S.C.C: almacén, ferretería, frutos del país. Agentes ESSO S.A. - Pet. Arg.;
PRIMO F. ABACA, agente de SHELL.;
SANATORIO Y MATERNIDAD SAN FRANCISCO. Dr. Segundo Barbato;
TALLER DE ZAPATERÍA, de Celasio Frías Barzola;
TALLER MECÁNICO DE CARPINTERÍA, de Ramón Oscar Camargo;
TIENDA BLANCO Y NEGRO, de Sananes Hnos.