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PASCUAL RAYMUNDO GUIÑAZÚ

Nació en Balde de Puertas, Departamento Ayacucho (San Luis) en 1937. Sus padres fueron Miguel Ángel Rosales y Dora Angelica Guiñazú. Siendo niño es llevado a la localidad de San Francisco del Monte de Oro. Allí vivió un tiempo con una tía, quien le brindó valiosas enseñanzas.

Varios años después se fue a Mendoza, donde trabajó en una finca. Allí se afianzó como un hábil podador de frutales. Ya de nuevo en San Francisco, comienza a desempeñarse en el flamante aserradero de Davorin Sepak. Su primera tarea fue de colocador de vigas, luego fijador, hasta que aprendió el oficio al que se dedicaría gran parte de su vida: el de tornero.

Pero desde adolescente, su gran pasión fue la música. Tal es así que adquirió un acordeón de 72 bajos y siendo muy joven comenzó a tocar. Hacia sus 30 años, compró un acordeón de 120 bajos con el cuál participó durante décadas en numerosos festivales, cumpleaños y demás eventos. Fue uno de los integrantes del grupo “The Time”, que marcó un hito en su momento.

Años más tarde formó parte de la Agrupación Tradicionalista Domingo Sánchez Chaparro, fundada en 1992 y fue miembro de la Banda Municipal de San Francisco del Monte de Oro, creada en 1997. En el año 2017, encontrándose internado en la ciudad de San Luis, fallece a avanzada edad. Hoy es recordado como un musiquero de ley y uno de los mejores torneros.

Agradecimiento especial a sus hijos Miriam Beatriz Guiñazu y Miguel Guiñazu por haberme aportado información y a Lidia Rosales por una de las fotografías que ilustra esta publicación.

El acordeonista en distintos momentos de su trayectoria.

CARLOS ALBERTO QUEVEDO

Nació el 17 de octubre de 1949, en Buenos Aires. Fueron sus padres Don Mateo Quevedo y Doña Elisa Ricarte, oriundos de El Rincón, agreste paraje del Dpto. Ayacucho (San Luis). A los tres meses de nacido, retornarían a estas tierras.

Asistió de 1er a 6to grado en la Escuela Nacional N°23, ubicada en la Quebrada del Socoscora. Fue su maestro Don Víctor Hugo Pereira, el cual se trasladaba a caballo para dar clases, desde San Francisco.

Desde niño, Carlos aprendió el oficio de talabartero, observándolo a su padre. A partir de los 15 años ya trabaja por cuenta propia. Como vivían relativamente alejados, frecuentaba las carreras, para así poder vender sus elaboraciones.

A los 34 años se radica en la Banda Sur de San Francisco del Monte de Oro, con su esposa Julia Ana Jofre. El motivo principal era que sus hijos pudieran estudiar. Luego logra comprar una propiedad, donde se establecen definitivamente.

Allí continuó trabajando, como siempre, en la talabartería de cuero crudo. Son conocidos los lazos, monturas, pellones, cinchas, riendas, estribos y guardamontes, que con gran calidad ha confeccionado para la venta. 

Cabe mencionar que fue uno de los iniciadores del Festival Provincial del Artesano, como así también fue miembro del ya desaparecido Centro de Artesanos de San Francisco, que llegó a contar con personería jurídica.

Al igual que otros artesanos, como Gaudioso Agüero y Zotero Quiroga, ha participado en distintas muestras. Exhibió en San Francisco, San Luis e incluso en la exposición de Palermo (Buenos Aires) donde envió algunos de sus trabajos.

Actualmente, con sus ya 71 años, continúa sosteniendo este antiguo oficio, con la satisfacción de que la gente se queda conforme con sus productos, siendo muy requeridos los lazos, cinchas y guardamontes.

Su anhelo es que alguien quiera seguir sus pasos y el día de mañana haya un sucesor. Teme que ocurra lo del platero Pedernera, el luthier Heredia o el artesano Fernández, entre otros notables cuyo vacío nadie pudo llenar. 

¡Felicitaciones Don Carlos por defender desde su labor nuestras tradiciones!

(Entrevista del 27 de agosto de 2020).


El artesano mostrando algunas de sus obras.

Las Voces del Monte de Oro

Conjunto musical folclórico cuyano con más trayectoria en San Francisco. Si bien su origen se remonta a varios años antes (con la denominación "Las Voces del Tomolasta"), la confirmación del grupo como "Las Voces del Monte de Oro" se produce en el marco de un importante concurso realizado en 1977, en Villa Mercedes. Allí resultan indiscutibles triunfadores con la interpretación de tres piezas musicales: “Añorando mi querencia", "Costumbres cuyanas" e "Ilusión que he soñado".

Meses después, el 19 de febrero de 1978, se realiza una gran peña folclórica en la que actuó el galardonado conjunto local. Organizada con el auspicio de la Municipalidad, esa fue su presentación oficial ante el público de San Francisco, anunciándose también sus próximas actuaciones en diversos escenarios de la provincia. El grupo estaba conformado en ese entonces por Isauro “Chávez” Sosa, Rubén Calderón, Manuel Velázquez, Nicolás Valdés y Reinaldo Sosa. Luego se sumaría Florencio Camargo.

Con una calidad indiscutida, participaron en incontables festivales, peñas y eventos en toda la región. Más de una vez actuaron en importantes radios nacionales y provinciales. En el año 1985 realizan en Mendoza su primer trabajo discográfico, en el estudio de grabación “Zanessi”. Una de las canciones es la elogiada zamba “Rinconcito de mi San Luis”, dedicada a San Francisco del Monte de Oro. Su autor fue Rubén Calderón, habiéndola compuesto dos décadas atrás, cuando tenía 23 años.

Con el paso del tiempo, la conformación de este conjunto fue cambiando. Finalmente quedó constituido como dúo, con la inconfundible primera voz de “Chávez” Sosa, segunda guitarra, y “Pichón” Calderón, segunda voz y primera guitarra, ambos admirables. Como merecido homenaje, en 2014 “Las Voces del Monte de Oro” reciben el reconocimiento “Identidad Sanluiseña”. Este fue otorgado en la Cámara de Senadores de la Provincia de San Luis, en honor al enorme aporte realizado.

Isauro Sosa y Rubén Calderón "Las Voces del Monte de Oro".







Mini-hipódromo

Fue inaugurado el domingo 3 de octubre de 1976, con un multitudinario festival hípico. La obra estuvo a cargo de la intendencia municipal, con el valioso aporte de la donación, por sus respectivos propietarios, de todas las fracciones de terreno afectadas para la habilitación de la pista.

Entrada del Hipódromo de San Francisco del Monte de Oro

Previo al acto central, fueron disputadas dos carreras. Antes de largar el clásico de la jornada, desde el palco oficial hizo uso de la palabra el intendente Rufino Martin. Luego el reverendo padre Luis Zupancic procedió a bendecir la pista. Seguidamente el intendente, acompañado por demás autoridades, hizo el corte de la cinta simbólica.

En el clásico corrió un caballo del señor Lorenzo Cabañez y una yegua del señor Francisco Enriz, imponiéndose esta última en forma cómoda. Inmediatamente, se procedió a hacer entrega del trofeo al dueño del caballo ganador.

Luego el intendente distribuyó diplomas recordatorios a todos los donantes de los terrenos: Francisco Enriz, Hilda Ojeda de Muñoz, Aníbal Sopeña, Teodoro Fernández, Pascual Quiroga, Bautista Quiroga, R. Quiroga, M. Cristina Quiroga, Demetrio Pereyra, José Wanzo, Roman de la C. Wanzo, Carlos Wanzo, Rosa Elvira de Rosales, M. Hilda Wanzo de Villegas, Héctor Raúl Wanzo, María Jorgelina Wanzo y Francisco Acíbar.

A continuación, se entregaron medallas a los señores Dante Lucero y Fidel Aberastain, por la meritoria labor cumplida como miembros de la Subcomisión de Apoyo Municipal "Mini-hipódromo". También se distinguió al empleado municipal Rafael Arias, por su destacada acción, y al señor Gilberto Amieva, de Pozo del Tala, por su colaboración donando los postes utilizados para la instalación del hipódromo. 

En 2015 en el marco del “Plan Construyendo con Tu Pueblo” se realizó una importante puesta en valor del sitio. Se construyeron gradas de 3,17 metros de ancho por 36 metros de largo, con seis filas de asientos en alturas, con blocks de hormigón y losetas pre-moldeadas. El emblemático arco fue restaurado, los baños refaccionados, se remplazó el material de la primera capa de la pista (la cual fue ensanchada), se corrieron los alambres y postes existentes y se colocó iluminación. 

Fuentes consultadas

Quedó inaugurado el mini-hipódromo. (13 de octubre de 1976). El Diario de San Luis. 

Inauguraron obras para la comunidad de San Francisco. (25 de noviembre de 2015). ANSL.

Gruta de la Virgen de Lourdes

El 22 de enero de 1967 Inés Pollacchi viajaba en auto con su marido Federico Funes y sus hijos. Iban hacia las lagunas a 5km de San Francisco del Monte de Oro (San Luis). Según su propio relato, mientras miraba el costado del camino, divisó al lado de una piedra blanca la imagen iluminada de la Virgen de Lourdes. 

Seguidamente pidió a su esposo detener el auto y regresar al sitio. Pero no encontraron nada, solo la mencionada roca. A pesar de ello, Pollacchi afirma haber percibido nuevamente una experiencia como la anterior: “Sentí en ese momento la misma sensación cuando la vi aparecer, como si la propia Virgen me dijera que había elegido ese lugar para quedarse".

Por tal razón, el día 11 de febrero de 1967 retornaron al lugar con el fin de colocar una estatua de la "Virgen de Lourdes" (la misma que está actualmente) e improvisar una humilde Gruta. Con la debida autorización del Obispado de San Luis, la imagen fue bendecida por el Cura Párroco de San Francisco, asistiendo también la Madre Balbina de Villa Mercedes.  

En los años posteriores el Señor Pascuali se encargó de mejorar notablemente el lugar, realizando numerosas obras. A su vez distintas gestiones municipales de San Francisco del Monte de Oro han brindado su apoyo a lo largo del tiempo. Anualmente se realiza allí una concurrida misa a la que asisten devotos de toda la zona, algunos de ellos a caballo. 

GALERÍA DE IMÁGENES 
(actualizada en 2018)








FUENTES CONSULTADAS:

*Testimonio de Inés Pollacchi de Funes en la publicación "La Santísima Virgen de Lourdes en San Francisco del Monte de Oro de la Provincia de San Luis" (folleto).  

*Imágenes de distintas épocas expuestas en la cartelera del Oratorio.


El siguiente es un video del Canal de Youtube "El pueblo mas lindo":



Los fogones

La realización de "los fogones", costumbre que tiene un origen remoto en el "viejo mundo", constituiría una de las tradiciones mas pintorescas del San Francisco del Monte de Oro de antaño. Al acercarse finales de junio, las expectativas aumentaban y comenzaban los preparativos para una celebración popular de la que participaban vecinos de distintas edades. 

La fechas indicadas para encender las fogatas podían ser el 24 de junio, conocida como "la noche de San Juan" y el 29 de junio, solemnidad conjunta de San Pedro y San Pablo. Así lo refería Delia Gatica de Montiveros, quien agregaba que estas festividades daban lugar a  una reunión "llena  de  reminiscencias  tradicionales  y  de  regocijo",  donde  se oían insistentemente vivas a los santos mencionados. 


Fogata en la Ciudad de San Luis (Foto de José La Vía).

Jorge "Quito" Pereira, comentaba que "se armaban lo más alto posible, algunos con muñecos en la parte superior, ramas de pimiento y ligustro que ardían estrepitosamente, gran cantidad de quillo y chancaras que hacían las veces de cuetes”. Por su parte, Alda Polidori relataba que "se plantaba un palo, ramas o se aprovechaba una planta seca la que servía de sostén a todo junco o rama seca o verde que pudiera arder".  

A modo ilustrativo, en el siguiente artículo publicado en El Diario de San Luis, se brinda una detallada crónica sobre los fogones realizados en la noche del 28 de junio de 1979:
FOGATA DE SAN PEDRO 
Como ya es tradicional en esta población, en horas de la noche del 28 del pasado mes de junio, en un amplio baldío ubicado en Pringles y Rivadavia, el entusiasta espíritu realizador de alumnos varones y niños del Departamento Secundario de la Escuela Normal Superior "Sarmiento", bajo la dirección de la profesora Asunta Manca de Heredia, se construyó un gran fogón con abundante material vegetal seco y otros elementos de fácil combustión a los que se les había adosado a título ornamental numerosas figuras logradas a trazos de pinturas vistosas por los alumnos. Remataban lo que después sería una gran fogata, los infaltables muñecos festivos, de vestuarios ocurrentes y divertidas leyendas. Cuando el fuego se propagó por los distintos flancos, y las altas llamaradas proporcionaron motivos de alegría a la numerosa concurrencia de niños y adultos que se habían dado cita en el lugar, los aires de la noche fría se poblaron con los gritos de: "¡Viva San Pedro y San Pablo!" como desde antaño es ritual invariable en esta celebración popular. 
Mientras tanto otros grupos estudiantiles cantando alegremente alrededor de una pequeña fogata preparaban calientes y ricos “choripanes” que ofrecían al público asistente a esta fiesta tradicional. Luego se organizaron dos grupos de alumnos de la Normal "Sarmiento", uno, del Departamento de Aplicación bajo la dirección de la profesora de música Margarita Rivero entonaban hermosas canciones para deleite del público. Alternaban con otro numeroso conjunto de estudiantes del Departamento Secundario que con la conducción de la profesora Ruth R. de Pérez aportaban sus interpretaciones corales a esta expresiva manifestación de regocijo comunitario. Esta simpática nota de reverdecimiento y permanencia de viejas y saludables costumbres lugareñas fueron traídas para solaz y satisfacción del vecindario por los estudiantes de la Escuela Normal "Sarmiento", que con entusiasmo y su espíritu de apego a las cosas del terruño quisieron revivir la “festividad de San Pedro y San Pablo" con el fervor que hicieron generaciones del pasado.
El Diario de San Luis, 3 de julio de 1979

Fuentes consultadas

  • Fogata de San Pedro. (3 de julio de 1979). El Diario de San Luis.
  • Gatica de Montiveros, M. D. (1995). Diccionario de Regionalismos de la Provincia de San Luis.
  • Salama, S. (comp.) (2015) Historias de San Francisco del Monte de Oro. 
  • Pereira, J. E. (2000). Retazos de Tiempo. San Luis: Arte y diseño ediciones.