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Pandemia de gripe de 1918


En 1918 se desató la pandemia mas devastadora de la historia de la humanidad, que en solo un año provocó millones de muertes en todo el mundo. La llamada “Gripe Española” llegó a la Argentina y se expandió en muchos de sus distritos, incluyendo la provincia de San Luis.

En invierno de 1919 hubo un calamitoso rebrote que causó un número de decesos significativo en un corto periodo de tiempo. La tasa de mortalidad más elevada se dio en las provincias que contaban con menor cantidad de médicos.


El siguiente artículo del diario puntano La Reforma, publicado en junio de 1919, da cuenta de la situación en la localidad de San Francisco del Monte de Oro:

De San Francisco


Sigue la grippe
En mi correspondencia anterior al dar cuenta del desarrollo alarmante de la epidemia de grippe en esta población, decía que la cifra llegaba a 100 atacados y también, que esa cifra parecía estar lejos de descender. Efectivamente: la Cifra ha subido a 300 atacados según cálculo del Presidente del Consejo de Higiene Dr. Paladini, que se encuentra en esta desde hace varios días; también ha habido varios casos fatales. 
La falta casi absoluta de drogas para combatirlo, por las dificultades de comunicación entre esta y las poblaciones que podrían proveerla de ellas, y muy especialmente por el irritante empaque del empresario del auto-correo que se ha negado a traer una encomienda que contenía los remedios más indispensables, ha tornado afligente la situación de los enfermos que se encuentran con los tratamientos recetados y sin poderlos hacer preparar por la falta de elementos y más afligente es aún la situación, porque el médico local Dr. Carbajal ha caído también atacado de grippe mientras prestaba el auxilio de su ciencia con una actividad bien digna de elogio. 
Felizmente el Dr. Paladíni ha salvado a muchos enfermos de los más graves, por lo que esta población le está muy agradecida, pero este facultativo se ausenta mañana, quedando, como es de presumirse, agravada aún más la situación. 
Corresponsal.


El primer automóvil en San Francisco


En esta histórica fotografía de 1911 ha quedado registrado para la posteridad el primer automóvil que llegó a San Francisco del Monte de Oro (San Luis), siendo recibido por numerosos vecinos y curiosos. Se puede identificar a personalidades locales como el Sr. Cirilo Sergio Olmos, que no dudó en subir al “vehículo de carga” para la foto. En la calle se encontraban maestras como Rosenda Quiroga y Demofila Concha, quienes acompañaban a las alumnas de la Escuela Graduada de Niñas, que seguramente presenciaron un momento único e inolvidable.

Tarjeta postal con la imagen del histórico momento (Archivo de Rosenda Quiroga).

Lo cierto es que el viaje desde la ciudad de San Luis hasta la localidad fue muy difícil, una verdadera hazaña. Si algo había quedado demostrado, era que todo proyecto de continuar haciendo este recorrido en el novedoso transporte se veía frustrado por el pésimo estado del camino. Para colmo una lluvia reciente había generado inmensos pantanos. En muchos puntos como El Barrial y Socoscora estaba casi intransitable.

Así lo pudo comprobar la delegación que viajó con motivo de los festejos organizados en conmemoración del primer centenario del nacimiento de Sarmiento, cuyos actos centrales se realizaron el 15 de febrero de 1911. “En todo el trayecto se halla cortado por profundas barrancas, las que sirven solo para poner a prueba la consistencia de los carruajes y las costillas de sus ocupantes”.

Según se denunciaba en la prensa, el mal estado general del carril se debía a la desidia de la Dirección General de Puentes y Caminos, que debía ocuparse de su mantenimiento. El 25 de febrero de 1911 un columnista de “La Reforma” manifestaba con pesar que “un industrial entusiasta y emprendedor, el señor Duflós, (…) vea fracasada su empresa por el abandono en que se mantienen caminos de un tránsito importantísimo”.

Los reclamos dieron frutos y un tiempo después el carril fue reacondicionado. Para mayo, el gremio de los carreros, por un lado, y los que viajaban en coche por el otro, con general aplauso pudieron ver a la cuadrilla de peones rellenar los incontables pozos y zanjas. Aún estaba fresco el recuerdo de meses anteriores, cuando se vieron obligados a estar parados cuatro o cinco días a la orilla de los arroyos hasta componer los pasos que las aguas habían destruido.

Lo cierto era que, como manifestaba un observador de aquel entonces: “estas cuadrillas no deben solo concretarse a rellenar con tierra y jarilla los pozos, es necesaria la construcción de obras de arte, alcantarillas, puentes, etc. que ofrezcan y garanticen estabilidad en las obras que se ejecutan. De lo contrario, la viabilidad será siempre un problema, entorpeciendo la comunicación fácil y rápida a los departamentos del norte de la provincia, que tanto necesitan caminos para su progreso y desarrollo”. 


Fotografía tomada el 15 de febrero de 1911 (Archivo de Rosenda Quiroga)

Expedición científica (1925)

A principios de 1925, enviados por la dirección del "Museo Nacional de Buenos Aires", el eminente botánico Dr. Alberto Castellanos y el preparador de zoología, D. Juan B. Serié, recorrieron durante un mes las Sierras de San Luis, con fines científicos. En parte fueron acompañados por el historiador Juan W. Gez, quien había hecho la invitación. 

En San Francisco del Monte de Oro, los especialistas comprobaron la existencia de bosques de palmeras caranday (Trithrinax campestris), lo que señalaba su límite más meridional conocido. Sobre esta especie, se lamentaba que fuesen destruidas intencionalmente a fuego por albergar cotorras (catas), las que eran consideradas dañinas por los lugareños. Ante esta situación, se recomendaba en un artículo de la prensa puntana que Las Chacras y otras locaciones de la geografía provincial debían ser protegidas y conservadas como reservas naturales por su vegetación típica del monte serrano, destinada a desaparecer si no se hacía algo al respecto.

Vista de Las Chacras, hacia 1913 (Archivo Fotográfico José La Vía).

Descubrimiento arqueológico

Noticia publicada el 8 de mayo de 1967 por El Diario de San Luis sobre hallazgos arqueológicos en San Francisco del Monte de Oro.

Descubren restos indígenas en San Francisco

SAN FRANCISCO (C). Alumnos de 5° año de la Escuela Normal Regional y profesores de dicha casa de estudios, realizaron una excursión al lugar denominado Piedra Pintada (El Rincón) con el objeto de que los estudiantes conocieran algunas escrituras indias existentes en una gigantesca roca, cuya cara grabada es de forma cóncava.

Luego de observar algunos dibujos y varios signos expresados con líneas quebradas y curvas el entusiasmo de los excursionistas se transformó en afán investigador: niñas y varones exploraron cuevas oscuras, con la ayuda de antorchas de papel y decidieron luego realizar excavaciones alrededor de las grandes piedras y dentro de las cuevas.

El éxito coronó la perseverancia de los novicios investigadores que apenas a profundidades de 30 a 40 centímetros, hallaron la orejilla, la base y costados de una vasija de barro cocido. En uno de los trazos se observa una guarda de líneas paralelas y zigzagueantes, realizada con un objeto terminado en puntas de flecha de distintas tamaños y pequeños trozos de huesos que se suponen humanos; de ser así es indudable que se trataba de una tumba india.

La labor de los alumnos de 5to año normal mereció el elogio del Profesor de Historia de la Cultura Argentina, materia con la cual está relacionada la aludida investigación, que es la primera de una serie de exploraciones que se realizara en el presente año.

Los estudiantes de la Escuela Normal que participaron de la excursión.

Visita de Jorge Cafrune

El 2 de agosto de 1968 en el marco de la gira "De a caballo por mi Patria" (homenaje al caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza), el popular músico Jorge Cafrune llegaba a la provincia de San Luis. La localidad de San Francisco del Monte de Oro fue uno de los pueblos que formo parte del histórico recorrido. Una década después, el 1 de febrero de 1978, el cantor fallecía tras ser atropellado, hecho que nunca fue esclarecido (muchos sostienen que fue un asesinato planificado). La noticia de su deceso fue muy lamentada en esta población del norte puntano. Así lo reflejaba El Diario de San Luis:
"La inesperada y trágica muerte de un señor del folklore como lo fue Jorge Cafrune, tuvo una dolorosa proyección en este vecindario tan apegado a viejas tradiciones y donde el artista gozaba de honda estimación. Recordase la entrada que en este rincón cuyano realizó Cafrune (...). En aquella ocasión San Francisco recibió alborozado al artista ya famoso. Fue esperado su arribo a la entrada de la población, en plaza San Martín [Plaza de Puertas]. Los pobladores y admiradores tanto a pie como a caballo y otros medios de movilización, le dieron una cálida bienvenida. Acampó en los hoy grandes eucaliptus que levantan su corpulenta estampa en el costado de la abandonada y solitaria Hostería fiscal. Allí Cafrune centró la convocatoria de todos, quienes tuvieron la ocasión de hablarle y compartir un momento inolvidable y grato (...). Tal vez, ahora, muchos elevaron una oración rogando por su descanso eterno y trajeron la remembranza de estos recuerdos desgranados en su memoria imborrable". (El Diario de San Luis, 19 de febrero de 1978, pág. 12).

Foto: Jorge Cafrune recorre las calles de San Francisco del Monte de Oro (S.L.), acompañado por el Intendente Municipal Don Demetrio Aguilera, en 1968 (Archivo Histórico Fotográfico). 

VISITA DE DORA OCHOA DE MASRAMÓN

 Relato de la investigadora concaranense sobre su visita a San Francisco.
San Luis, 12 de mayo de 1967 
Es muy grato para El Diario de San Luis, publicar esta colaboración de la eminente estudiosa puntana, Sra. Dora Ochoa de Masramón. Su aporte a la misión formativa e informativa que nos hemos impuesto, resulta de una trascendencia que no escapará a la consideración de nuestros lectores. Exclusiva para EL DIARIO. 
Vista de la Hostería. Foto de El Diario de San Luis, 1967.
...de la Falda, San Francisco del Monte de Oro: misticismo, geografía e historia. 
Siempre deseé llegar a San Francisco, sin haber podido realizar, hasta ahora, mis intenciones; pero esta vez, apenas instalada en la cosmonave -léase terreómnibus- entré en órbita y en algunos minutos, ¡qué importa que hayan sido horas!, una voz anunció: "Plaza Puertas". No pude ver lo que me rodeaba; mi vuelo tenía el misterio de las rutas cerradas por la noche. "Plaza Puertas", volvió a escucharse y, no sé por qué mi imaginación situase en la Puerta del Sol de Toledo; la quietud presentida era como la de esa ciudad española. Después el reanudado recorrido con gente que podía bajar, así, simplemente, en la plaza; descendía y otros repetían la misma indicación; me parecieron muchas plazas, hasta que velozmente, para mi orgullo de soñada astronauta, la nave aterrizó en la hostería, según la voz del comando. 
Después de tantos zarandeos y sofocones en una cabina con las escotillas cerradas para evitar la tierra, no, dije mal, para no ser invadida por el desgranamiento de las galaxias, (Que lindo sería recoger una estrella como recuerdo de viaje) entré en la gloria; así me sentí en el espacioso recinto de recepción de la Hostería San Francisco, con las paredes de sedantes colores, bellísima distribución de ambientes, afable el recibimiento y de refinado gusto la decoración completada con cuadros de la pintora Asunción de Heredia. Es una de las hosterías más bonitas de la provincia; vale la pena el viaje para conocerla.
Mi equipaje era escaso: un pequeño bolso en la mano y la cámara fotográfica, colgada del cuello. ¡Ah!, mi atuendo no era muy espacial: unos muy gastados pantalones, una blusa por cuya rala trama se colaban los cambios atmosféricos y las boyeras cuela de goma con la punta martirizada por mis dedos en pugna por asomarse al mundo; es mi equipo de exploraciones espacialmente terrestres. 
AMANECE 
Cuando la luz dividióse entre los resquicios de la persiana, me asomé para ver donde estaba, como era San Francisco. Abrí la ventana; el sol apenas nacido alargaba los sombreros de un parque, que yo bauticé parque de la rueda, porque hacia un costado aparece una rueda pintada de blanco, como si expresara: ¡Bienvenido!
Después empezaron los descubrimientos: la sobria fachada de la hostería con la imponencia de sus terrazas en ese momento claramente tibias de sol. ¿Un hotel de la Costa Azul trasladado a la costa de nuestras sierras? Salí al azar, me ubiqué en el puente del río, límite de las bandas de la población. Sentí la curiosidad de asomarme a esos dos mundos que forman el corazón de un valle anillado por las altas cumbres y por los cordones que se entrelazan como protección o se abren para dar paso al viajero. Cuanta serenidad en esas faldas, laderas y quebradas reverdecidas por molles y palmeras dispuestas a tocar el cielo e instar desde las cimas a sus congéneres para la ascensión que parece marcarles un destino. 
LA BANDA NORTE 
A pie me dirigí por la avenida principal; poco a poco San Francisco se entregaba a mí; ya era una mujer más que caminaba por sus calles, aunque no dejaba de ser la forastera que va de acá para allá, que mira esto y aquello. Me detuve frente a esas casas coloniales, algunas cubiertas de enredaderas, otra con ventanas enrejada. Que ganas tenía de entrar en los zaguanes anchos y llenos de macetas con plantas que dejaban ver ya un amplio corredor, o el patio con la sonrisa de las flores y el verde otoñal de los follajes. Haciendo contraste se ven grupos de viviendas modernas, que no por sus estilizadas líneas dejan de ser rivales por sus jardines. La iglesia, la plaza principal, el rumor de trabajo que sale de las aulas de la Escuela Normal Regional "Sarmiento" y otra vez la Plaza Puertas, donde, sin el bullicio de unos niños que jugaban, creeríase en el tiempo detenido. Me intrigaba su nombre; me enteré que corresponde a un apellido muy conocido en el lugar.
EL REGRESO 
Debí rehacer lo andado. Ya no era la desconocida. Los mismos hombres, mujeres y niños volvían a verme; con gesto amistoso esperaban un saludo, una palabra, hasta que por una pregunta cualquiera ya éramos amigos.

Un grupo de niños me acompañó a ambular por los senderos de sus correrías, entre cercos con naranjos, parrales rosados de uvas, casitas perdidas entre crisantemos, begonias, dalias, achiras, albacas, y después otra vez las calles bordeadas de aguaribayes; nunca los vi en profusión. Sin duda el suelo y el clima hacen su habitar ideal. San Francisco es el reino del aguaribay.
LA BANDA SUR
La mañana era soleada. Miré desde el puente la sierra, grave y diga en su misión de custodiar el valle. A su mirada no escapa el vuelo del ave, el transitar de las bestias, el brillo de las lagunas, las ondulaciones de los ríos, el murmullo de los bosquecillos, el viento, la calma; es una invocación de la lluvia siempre esperada. Seguí por la calle marginada por aguaribayes de troncos enormes, por simbólicos olivos, por la continuada policromía de los jardines. Un rostro fue motivo de mi atención, pertenecía a una mujer de extraño andar. Buenos días, señora- le dije. Se paró guiada por una joven; mi voz no le era familiar y me preguntó: ¿Va para el ranchito? La bondad que le doraba la sonrisa podía iluminar sus ojos en tinieblas. Que gesto el suyo tan enternecedor y que convicción al intuir el móvil que conduce hacia ese lado a los forasteros: conocer el "ranchito" de Domingo Faustino Sarmiento. En esa mujer del pueblo está el alma de San Francisco.

Continué andando, se pronto, llegué a un pequeño mundo, modesto, reservado, evocativo, envuelto en el sueño de su gloria: allí Sarmiento enseñó a leer a los hijos de esa porción de patria.
Una plaza radiante de flores, tan inmóviles como la placidez de su ámbito; la iglesia, antigua y conmovedoramente humilde, como lo fu su patrono, el pobrecito de Asís; parecía que desde los lejanos senderos vendría el santo que dialogaba con las flores y los pájaros, dominaba la furia de las fieras... gozaba con sus tormentos... (si pudiéramos imitarlo). Una casa de rejas coloniales sumida en el silencio, como si sus moradores durmieran el sueño del pasado; diríase que sólo viven en ella las plantas en actitud de evasión por el clásico zaguán; en la vereda un laurel de flores rosadas émulo del que adorna el patio de la iglesia con su canción de pétalos casi tocando el cielo. Entre la niebla de serenidad llegué al "ranchito", protegido por un templete, abrigado por eucaliptos, con muchas flores y con su olor a rancho pobre. No es necesario esforzar la mente para ver al Maestro entrar y salir, volver a entrar y salir en el cumplimiento de su misión; más tanto sosiego turbado por la algarabía de los niños de la moderna escuela que a su lado se levanta como un homenaje al Educador.
SUS ALREDEDORES
El turista tiene en San Francisco hermosos lugares para su regocijo; pero hay que salir a conocerlos y admirarlos; gozar la frescura de sus baños naturales en las lagunas formadas en el mismo lecho de los ríos, como las de Las Palmas, balneario con playa de suave arena, con cantos de calandrias y blancura de usillos florecidos; la Laguna Esteco rodeada de sombras y curiosas formaciones rocosas; la Quebrada de López; yo diría de los zorzales porque las melodías de estas avecitas salen de sus montes, rebotan en los peñascos y caen como una lluvia de mágicos sonidos; su corredor al lado del rio capta y refresca las brisas que se estrechan en la garganta de la quebrada; el camino a Rodeo de Cadenas a El Rincón, con la magnífica visión de los palmares en perenne procesión por las laderas; el Pie de la Cuesta con la vista del camino a Carolina; Las Chacras, oasis verde de paz y bonanza; El Palmar, impregnado con el perfume de los poleos; La Pata de Buey, semejanza dejada por el desgaste eólico de una roca; ríos, arroyos, cañadas, manifestaciones de remota actividad humana dan interés arqueológico a diversos parajes.


SUS HABITANTES

En sus casas hospitalarias practican el culto de la amistad; así, con la llaneza de lo sincero. Las mujeres son las sacerdotisas de los ritos del fuego en el brasero, el agua que hierve en la pava y el mate que inciensa aromas de mentas y peperinas. El templo puede ser la sala confortable o la sombra del algarrobo familiar con las sillas mullidas por un pelero o un pellón, que mejor para el visitante. Es que son amigos de los viejos y nuevos amigos. Predominan en ellos la cultura y la afabilidad; saben recibir con señorío y conservan la hidalguía heredada de ilustres antepasados desde el tiempo de las mercedes reales.


Dora Ochoa de Masramón
Concarán, (San Luis) 3 de mayo de 1967.
 

NUEVO EDIFICIO DEL CORREO

En septiembre de 1967 fue inaugurado el nuevo edificio destinado al funcionamiento de la sucursal de "Correos y Telecomunicaciones de la Nación". El acto contó con la presencia de representes de la secretaría de Obras Públicas de la Nación, del brigadier Simón Amado Abrahin, director Gral. de Coordinación de la Secretaría de Comunicaciones, señor Miguel Ángel Amespil e inspector mayor de Telecomunicaciones, señor Pedro Chaer. Además concurrió el señor Félix María Marcos, jefe de la citada oficina local, autoridades provinciales, municipales, delegación de las escuelas de la localidad y numeroso público.

Las autoridades nacionales arribaron alrededor de las doce horas, siendo homenajeadas con un almuerzo brindado por comisión vecinal. A las quince horas se inició la ceremonia con el izamiento de la Bandera Nacional en el mástil del edificio, a cargo de los señores Abrahin y Amespil, continuando con la ejecución del Himno Nacional, cuyas estrofas fueron coreadas por la concurrencia.

Seguidamente se procedió a la bendición del edificio, la que fue efectuada por el padre Luis Zupancic, párroco de la localidad. Finalizada la ceremonia, luego de efectuados los discursos correspondientes, la autoridades e invitados regresaron a la Capital Federal por vía aérea.

En el siguiente artículo publicado por El Diario de San Luis, el 27 de septiembre de 1967, se resalta el gesto del señor Primo Abaca, quien donó el terreno para la construcción del mencionado edifico del Correo:

ECOS ACERCA DE UNA DONACIÓN 
Los pueblos en su constante deseo de superación y de progreso presentan características propias a través de las inquietudes que sienten y bullen en el alma de sus hijos. 
Esas inquietudes son factibles de realizar cuando media el entusiasmo y el esfuerzo de sus hombres y la colaboración de sus gobiernos.

San Francisco del Monte de Oro es uno de esos pueblos que brindan renovados entusiasmos de constantes deseos de progreso, en el que sus hijos tratan de canalizar sus inquietudes en la realización de obras que resultan el común denominador hacia un futuro más prominente. 
En este sentido San Francisco siempre se ha visto confortado con la espontánea colaboración, contribución o esfuerzo de sus hijos, que han ido haciendo posible la materialización de esos pujantes deseos de superación hacia el bien común de su engrandecimiento. 
La más reciente colaboración hecha efectiva, la constituye la inauguración del moderno edificio destinado a las oficinas del Correo, una de las mejores y más modernas existente en pueblos de su categoría en esta provincia. 
Esta realización fue posible merced a ese desinteresado aporte de uno d sus hijos, que consciente de esa necesidad y de la importancia de la obra, no tuvo reparos, en un gesto que lo enaltece, en donar el terreno para que la construcción fuese posible: Ese hijo de San Francisco a quien nos referimos y en el que ya hemos visto en otras oportunidades desplegar una constante y efectiva acción en bien del progreso de pueblo es el Sr. Primo Abaca.

Cabe al señor Abaca en esto, no solamente el noble gesto de donación del terreno para que la construcción del edificio fuera posible, y que ya de hecho lo enaltece, sino también la de su acción incansable en bien de las gestiones tendientes a la materialización de ese propósito. Todo ello lo hace merecedor de los mayores elogios, puesto su gesto no es más que una de las tantas formas de gratitud con que los hijos llegado el momento, pueden responder a la necesidad el terruño que los vio nacer o a los que se enraizaron en el quehacer de la vida.

Con acciones como esta, es como se materializa ese propósito de propender en estrecha colaboración de inquietudes; al desarrollo edilicio y progresista de los pueblos.
Edificio del Correo, foto publicada en 1967 por El Diario de San Luis
Edificio del Correo, ubicado en calle San Martín y Pringles. Foto de 1967.

FUENTES

- Fue inaugurado el edificio de correos en San Francisco. (13 de septiembre de 1967). El Diario de San Luis.

- Ecos de una donación. (27 de septiembre de 1967). El Diario de San Luis.


El día de la Lealtad Peronista

La celebración del 17 de octubre, feriado nacional entre 1946 y 1954, ha sido uno de los elementos centrales de la liturgia peronista y tuvo una notable significación en un amplio sector de la población. 

Cabe recordar que un 17 de octubre de 1945, grandes masas de trabajadores marcharon hacía la Plaza de Mayo para exigir la liberación de Juan Domingo Perón. Ante esta situación el gobierno militar abrió negociaciones con el mismo y acepto sus condiciones. Seguidamente Perón se dirigió a la multitud desde los balcones de la Casa Rosada y brindó un histórico discurso. En menos de un año ganaría las elecciones para presidente.

Entonces se considera esta fecha como el “nacimiento simbólico” del movimiento liderado por Perón. El siguiente es un artículo periodístico de tendencia oficialista publicado en el Heraldo de San Luis, donde se relata como se desarrollaron en San Francisco del Monte de Oro (provincia de San Luis), los festejos por el “Día de la Lealtad” en 1950.

Departamentales

San Francisco (San Luis)

17 de Octubre 
Con el más amplio auspicio popular y en un ambiente desbordante de entusiasmo, como pocas veces se ha visto en este pueblo, culminaron lo diferentes actos programados para conmemorar este nuevo aniversario de la Gesta Gloriosa del 17 de Octubre de 1945, declarado "Día de la Lealtad Popular", en homenaje del pueblo argentino. 
Fue esta hermosa fiesta una gratificación categórica de adhesión y confianza hacia el Abanderado de la Nueva Argentina General Perón y de su abnegada colaboradora Señora Eva Perón. 
Desde las primeras horas de la tarde, empezaron a llegar por los diferentes caminos de acceso al pueblo, nutridas caravanas de hombres, mujeres y niños, que venían desde las zonas rurales y montañosas de San Francisco, a exteriorizar una vez más, su pública adhesión y lealtad al Ilustre Conductor de la argentinidad y creador de la Justicia Social. 
Día de sol radiante, a la sombra de los arboles de la Plaza Pringles se fueron congregando para esperar la iniciación de los actos, en un ambiente muy grato amenizado por marchas partidarias y música folklórica, transmitida por altoparlantes y alternados con arengas alusivas a la fecha. 
A las 17 horas se amplificó la transmisión de Radio del Estado y el público con toda atención e interés, escuchó y subrayó con un aplauso sincero, las justicieras distinciones acordadas por el Consejo de la Lealtad, a que se habían hecho acreedores abnegados compañeros por su lealtad, patriotismo, contracción al deber, etc.

Seguidamente vibró en el éter la autorizada palabra del Sr. Espejo, Secretario General de la Confederación General de Trabajadores, en representación de sus cuatro millones y medio de afiliados, trayendo su mensaje de agradecimiento y solidaridad al líder de la Justicia Social y su doctrina.

Cuando el locutor anunció que la Sra. Eva Perón, esposa del primer magistrado haría uso de la palabra, el pueblo estalló en una sostenida salva de aplausos y su expresión galana y sincera impregnada de patriotismo y de lealtad al Jefe, fue escuchada con vivo interés.

Instantes de honda emoción fueron aquellos cuando el General Perón se aprestó a dirigirse a su pueblo, inenarrable fue el entusiasmo que embargaba a todos por igual, nadie quería perder una sílaba de lo que expresaría en ese acto trascendental. Era el mensaje del Conductor. Genial exposición doctrinaria, inspirada en el más puro amor a la patria y a su pueblo, siempre fiel. El presidente, con el cariño y sinceridad de siempre, no hizo gustar su concepción doctrinaria, inspirada en el más puro amor a la patria y su pueblo, de ese pueblo que es tan noble y caro para el y para verlo cada día mas feliz en una tierra justa y soberana.

Concluido el discurso del Sr. Presidente [que llegó a oídos de este pueblo por Radio del Estado], fueron invitados todos los asistentes a compartir una Cena Criolla, denominada Cena de la Lealtad, desarrollándose la misma en un marco de franca camaradería y donde se confundieron en un abrazo fraternal los diferentes gremios. 
A los postres el Diputado Provincial, A. Sopeña, en brillante improvisación, destacó el significado de la fecha, vertiendo conceptos muy acertados sobre Justicia Social, Derechos del Trabajador y los momentos que vive la República en una aurora de renacimiento en todas las órdenes, gracias al General Perón. Finalmente exhortó a los afiliados Peronistas a hacer escuela de disciplina, vivir en paz y unidos, como el mejor homenaje a su ilustre jefe y a su digna esposa.

Siendo las 21 horas toda la concurrencia se traslado de nuevo a la Plaza Pringles, donde se bailó con entusiasmo pocas veces registrado hasta las tres de la madrugada de la mañana siguiente, haciéndose derroche de alegría y buen humor, en la que tuvo destacada actuación y desinteresada participación el Conjunto Orquestal local <<17 de octubre>> que dirige el maestro y compositor señor Juan Sánchez, y el conjunto de <<Guitarras Peronistas>> bajo la dirección del Sr. Oscar M. Sánchez, integradas ambas por auténticos descamisados.

Se realizaron numerosos concursos de bailes regionales, adjudicándose a sus participantes interesantes premios, consistentes en objetos de valor o dinero efectivo, donados espontáneamente por los concurrentes. Los premios se llamaron <<Lealtad Popular>>, <<Nueva Argentina>>, <<Presidente Perón>>, <<Compañera Evita>>, <<Coronel Mercante>>, <<Gobernador Zavala Ortiz>>, <<Damas Peronistas>>, <<Obreros Peronistas>>, etc. 
Es digno destacar la participación como animador de la reunión, del Sr. Alfonso Vega, Srio. General de la Municipalidad, quien ratificó sus condiciones artísticas, haciendo las delicias de grandes y chicas, inspiradas en su vivo deseo de ser útil a todo lo que se relacione con la causa común, que es la causa del pueblo.

Como un poco de sombra siempre da mayor realce a los cuadros, bueno es recordar, y no llama esto la atención por ser común y estar acostumbrados a ello, la ausencia deliberada de la mayoría de los Profesores de la Escuela Normal local, que parecen insensibles a las inquietudes populares en esta hora jubilosa que vive la República por obra y gracia del General Perón y su digna esposa. Por cierto hay también sus honrosísimas excepciones. No faltaron tampoco los saboteadores solapados que se oponían a que esta magnífica fiesta popular se realizara en la Plaza Pública. Los que viven divorciados del pueblo, ignoran que en esta tierra, ahora se hacen las cosas como el pueblo las desea.

Esta reunión tan grata al espíritu, por su trascendencia y significado, perdurará por mucho tiempo en el recuerdo de todos.
Heraldo de San Luis. Propaganda peronista sobre el 17 de octubre.

Adhesión de la Municipalidad de San Francisco. Heraldo de San Luis.


Fuente

  • 17 de octubre. (25 de octubre de 1950). Heraldo de San Luis, p. 1. 

VISITA DEL EXPLORADOR MAX SCHIFFLER

A principios del siglo XX, Max Schiffler (médico y explorador alemán) recorría el mundo "subviniendo a sus necesidades con los regalos que le hiciesen" y "subscripto, pues, a todos los hombres de buena voluntad que existen sobre el planeta". En su viaje por Argentina estuvo en la provincia de San Luis, donde visitó San Francisco del Monte de Oro, pero además las minas de Cañada Honda, la zona del actual embalse de Potrero de los Funes, Buena Esperanza, entre otros puntos del territorio puntano. Estas son algunas de las fotografías publicadas por la revista "Caras y Caretas" sobre su travesía por la provincia (15/6/1907, Nº 454, página 71-72).

Peripecias del trayecto entre Córdoba y San Luis

Fotografía de una familia local

En la primera imagen se observa al explorador con el cura de San Francisco

Vivienda en las montañas de San Luis

Fotografía en Potrero de los Funes

Rancho en una estancia y rancho en las sierras

Rancho posiblemente del sur provincial



Los fogones

La realización de "los fogones", costumbre que tiene un origen remoto en el "viejo mundo", constituiría una de las tradiciones mas pintorescas del San Francisco del Monte de Oro de antaño. Al acercarse finales de junio, las expectativas aumentaban y comenzaban los preparativos para una celebración popular de la que participaban vecinos de distintas edades. 

La fechas indicadas para encender las fogatas podían ser el 24 de junio, conocida como "la noche de San Juan" y el 29 de junio, solemnidad conjunta de San Pedro y San Pablo. Así lo refería Delia Gatica de Montiveros, quien agregaba que estas festividades daban lugar a  una reunión "llena  de  reminiscencias  tradicionales  y  de  regocijo",  donde  se oían insistentemente vivas a los santos mencionados. 


Fogata en la Ciudad de San Luis (Foto de José La Vía).

Jorge "Quito" Pereira, comentaba que "se armaban lo más alto posible, algunos con muñecos en la parte superior, ramas de pimiento y ligustro que ardían estrepitosamente, gran cantidad de quillo y chancaras que hacían las veces de cuetes”. Por su parte, Alda Polidori relataba que "se plantaba un palo, ramas o se aprovechaba una planta seca la que servía de sostén a todo junco o rama seca o verde que pudiera arder".  

A modo ilustrativo, en el siguiente artículo publicado en El Diario de San Luis, se brinda una detallada crónica sobre los fogones realizados en la noche del 28 de junio de 1979:
FOGATA DE SAN PEDRO 
Como ya es tradicional en esta población, en horas de la noche del 28 del pasado mes de junio, en un amplio baldío ubicado en Pringles y Rivadavia, el entusiasta espíritu realizador de alumnos varones y niños del Departamento Secundario de la Escuela Normal Superior "Sarmiento", bajo la dirección de la profesora Asunta Manca de Heredia, se construyó un gran fogón con abundante material vegetal seco y otros elementos de fácil combustión a los que se les había adosado a título ornamental numerosas figuras logradas a trazos de pinturas vistosas por los alumnos. Remataban lo que después sería una gran fogata, los infaltables muñecos festivos, de vestuarios ocurrentes y divertidas leyendas. Cuando el fuego se propagó por los distintos flancos, y las altas llamaradas proporcionaron motivos de alegría a la numerosa concurrencia de niños y adultos que se habían dado cita en el lugar, los aires de la noche fría se poblaron con los gritos de: "¡Viva San Pedro y San Pablo!" como desde antaño es ritual invariable en esta celebración popular. 
Mientras tanto otros grupos estudiantiles cantando alegremente alrededor de una pequeña fogata preparaban calientes y ricos “choripanes” que ofrecían al público asistente a esta fiesta tradicional. Luego se organizaron dos grupos de alumnos de la Normal "Sarmiento", uno, del Departamento de Aplicación bajo la dirección de la profesora de música Margarita Rivero entonaban hermosas canciones para deleite del público. Alternaban con otro numeroso conjunto de estudiantes del Departamento Secundario que con la conducción de la profesora Ruth R. de Pérez aportaban sus interpretaciones corales a esta expresiva manifestación de regocijo comunitario. Esta simpática nota de reverdecimiento y permanencia de viejas y saludables costumbres lugareñas fueron traídas para solaz y satisfacción del vecindario por los estudiantes de la Escuela Normal "Sarmiento", que con entusiasmo y su espíritu de apego a las cosas del terruño quisieron revivir la “festividad de San Pedro y San Pablo" con el fervor que hicieron generaciones del pasado.
El Diario de San Luis, 3 de julio de 1979

Fuentes consultadas

  • Fogata de San Pedro. (3 de julio de 1979). El Diario de San Luis.
  • Gatica de Montiveros, M. D. (1995). Diccionario de Regionalismos de la Provincia de San Luis.
  • Salama, S. (comp.) (2015) Historias de San Francisco del Monte de Oro. 
  • Pereira, J. E. (2000). Retazos de Tiempo. San Luis: Arte y diseño ediciones.  

Un panorama hacia mediados de los ‘60

San Francisco del Monte de Oro

Siendo cabecera de Ayacucho, hacía décadas que ya contaba con numerosas dependencias estatales. Encabezaba la lista, la Municipalidad, Jefatura de Policía Departamental, Registro Civil, Juzgado de Paz, Oficina de Correos, Receptoría de Rentas, Hospital San Roque, Dispensario Provincial y Centro de Salud de la Nación. A nivel educativo, funcionaban instituciones como la Escuela Normal, Escuela Nacional N°24, Escuela Provincial N°48 y Escuela de Adultos N°15.

En cuanto a la actividad privada, figuraban el Sanatorio San Francisco, médicos clínicos, odontólogo, importante comercio minorista, tiendas, ramos generales, despensas, carnicerías, verdulerías, librerías, bazares, dos farmacias, zapaterías, carpinterías, etc. A nivel hospedaje se destacaban la Hostería Fiscal de Turismo, Hotel Martín, Pensión Guzmán y otras más que cubrían por ejemplo la necesidad de alojamiento para estudiantes y profesionales de otras latitudes.

También había confitería con pista de baile, Biblioteca Pública, Tiro Federal Ayacucho, Club Sportivo Pringles y numerosos balnearios, como la laguna del Esteco, Las Palmas, Los Gringos, El Guanaquito, Rio de Gómez, Quebrada de López y del Matadero. A ello se le sumaba sus lugares históricos, siendo el más importante la “Primera Escuela de Sarmiento”, declarada Monumento Histórico Nacional en 1941.


 Lo cierto es que, habiendo sido en épocas pasadas uno de los núcleos más habitados, para mediados de los ’60 su población venía en disminución. El último Censo Nacional (1960) había arrojado 1864 habitantes, lo que significaba objetivamente 481 menos que en 1947. Algunos observadores de la época atribuían esto a distintos factores, como la falta de una actividad rural correctamente planificada o la decadencia de la minería terminadas las guerras mundiales. Tampoco había industrias, a excepción de los aserraderos.

Sea cual fuere la explicación, la zona estaba atravesando una etapa donde muchos dejaban su lugar de origen en búsqueda de oportunidades y nuevos horizontes. La consecuencia de todo esto fue un relativo estancamiento en el progreso del valle, que no se justificaba teniendo en cuenta sus favorables condiciones naturales y su posición con respecto a otros centros cercanos. Ante ello, una de las propuestas para lograr la reactivación económica era el fomento del turismo. 

Bajo el sugestivo título “Un paraíso ignorado por el hombre”, en 1966 un cronista anónimo de El Diario de San Luis describía en un deleitante relato su visita a la localidad. Dicho texto, donde se daba a conocer distintos atractivos naturales y culturales, tenía una clara intencionalidad de conquistar potenciales visitantes y con ello ayudar al crecimiento económico. Mas de medio siglo después de haber sido publicado, comparto a continuación un extracto del citado artículo:

UN PARAÍSO IGNORADO POR EL HOMBRE (anónimo). 
 “San Francisco es un hermoso valle enclavado entre serranías; rodeado al este y al sur por las Sierras de San Luis y al norte y oeste por una cadena de altas lomas, da la impresión de un enorme cofre, en el que se pretendiera atesorar toda la belleza con que la naturaleza lo dotara tan prodigiosamente. 
Vamos a pasar una jornada en el Valle y sus cercanías. Nace la aurora, un imponente disco de oro, se va dibujando lentamente sobre la cima de los cerros y su luz que cada instante se hace más brillante, baña el valle dando vida y color al pueblo que despierta, todo toma sus formas, añosos árboles, erectos álamos en disciplinada formación, sus calles, sus casas salen lentamente de las sombras; millares de pájaros entonan sus conciertos matinales como si con ellos quisieran rendir tributo a la magnificencia del paisaje; zorzales, reyes del bosque, jilgueros, picahuesos, cardenales, etc. y hasta el pequeño rum-rum, con su canto de matraca, quiere expresar su alegría de vivir. 
Pronto darán comienzo las clases, un enjambre de guardapolvos blancos pone la nota alegre en el ambiente, centenares de niños con su acostumbrada algarabía transitaran por las calles en procura de la escuela; pronto se iniciarán las actividades comerciales, camiones, autos, carros, motos, jinetes bien montados y hasta el humilde burrito con sus alforjas, poblaran las calles logrando el ritmo que dará al pueblo aspecto de pequeña ciudad. 
Después del almuerzo, salimos a recorrer los alrededores del pueblo. Nos situamos en la Banda Sur, allí una modesta placita limpia y bien cuidada, lleva el nombre del gran maestro de América, a menos de cien metros, un templete de cemento protege el histórico rancho, a su lado una imponente escuela primaria, lo honra con su nombre también y así en ese ambiente, vivimos el recuerdo del padre de la enseñanza argentina, todo nos habla de él, la plaza, la escuela, la iglesia y el viejo rancho, evocan su austera e ilustre figura. 
Con solo viajar seis kilómetros, llegamos a la Quebrada de López, allí entre imponentes cerros, un hermoso dique nivelador, rompe la salvaje y agresiva belleza del lugar; un rio baja de lo alto del cerro como pretendiendo escapar de su soledad haciendo serpentear sus cristalinas aguas entre rocas, tan límpidas y claras, que a través de ellas se perciben los colores de las piedras que descansan en su lecho, y su dulce frescura invita a un baño reparador. 
Volvemos a nuestro punto de partida, desde allí nos dirigimos por otro camino a la laguna Esteco, un delicioso lugar para pasar el día, encajada entre enormes rocas, profunda y fresca con un bosquecillo natural a su lado, hacen de ella un lugar obligado de descanso del viajero; un kilómetro más y estamos en El Vallecito. Un panorama indescriptible de nos ofrece a la vista capaz de extasiarnos, millares de palmeras festonean la falda serrana, una inmensa mole de granito emerge cual centinela, celoso custodio de tanta belleza; en ella Sarmiento solía pasar sus horas de ocio dedicado a la lectura, más allá, piedra pintada, una gruta donde se pueden ver pinturas indígenas; después, El Rincón, Pie de la Cuesta, camino a La Carolina, lugares pródigos en bellezas naturales. 
Nuevamente en San Francisco, aún nos queda ver El Palmar, Río Juan Gómez, Las Chacras; inútil seria pretender seguir describiendo tanta belleza, solo al verla se podrá apreciar en toda su magnitud. 
Se aproxima la noche, miramos al naciente, a cada instante los cambios de color nos ofrecen un nuevo panorama, y los cerros influenciados por las sombras de sus propios perfiles que les da el sol en su agonía, toman formas fantasmagóricas. Poco a poco, nos envuelve la noche, centenares de aves rezagadas cruzan el espacio en demanda de nidos, mientras el diáfano cielo se va tachonando de estrellas hasta formar un negro mano cuajado de diamantes; y la divina Cruz del Sud luce majestuosamente... 
Ya es noche cerrada, a lo lejos se hace oír una nota quejumbrosa, es el lamento del crespín que, con su canto triste y agorero, quiere expresar todo el dolor de amante abandonado. 
Así es San Francisco, un rincón paradisíaco en el que Dios con sus prodigiosas manos, sembró bellezas por doquier. Así es San Francisco, una belleza ignorada”. (El Diario de San Luis, 4 de octubre de 1966, pág. 5). 
Parte de la publicidad en la edición del 4 de octubre de 1966
(pág. 7)

ANEXO

Avisos publicitarios del Diario de San Luis en la edición del 4 de octubre de 1966.

CASA CARRIZO: concesionario "SIAM", artículos para el hogar y librería;
CONFITERÍA "9 DE JULIO": bar, confitería, pizzería, bailes;
COOPERATIVA SAN FRANCISCO Ltda. (e.f.).: agrícola, ganadera y de vivienda;
DESPENSA Y FRUTERÍA, de Pedro Sarmiento;
Dr. W. Logwinczuk;
"EL PORVERNIR";
EMPORIO SAN FRANCISCO, de Alfredo Velazco, representante exclusivo de PEPSI COLA;
ESTABLECIMIENTO "LOS NOGALES": Plantación Frutícola;
FARMACIA "FATIMA", de María Isabel Orozco de González;
FARMACIA SAN FRANCISCO, de Carlos W. Piscitelli;
FORTUNATO SALAMA: "Todo para el buen vestir";
GUITARRAS "LA PUNTANA", de Máximo Heredia;
KIOSCO DE JOSÉ R. JOFRE: diarios, revistas, golosinas, salón de lustrar;
LA FAVORITA: ramos generales, de M. M. Ortega;
MERCADITO POLO: de Agustín Lozano;
OJEDA, PEREZ Y ALMADA S.C.C: almacén, ferretería, frutos del país. Agentes ESSO S.A. - Pet. Arg.;
PRIMO F. ABACA, agente de SHELL.;
SANATORIO Y MATERNIDAD SAN FRANCISCO. Dr. Segundo Barbato;
TALLER DE ZAPATERÍA, de Celasio Frías Barzola;
TALLER MECÁNICO DE CARPINTERÍA, de Ramón Oscar Camargo;
TIENDA BLANCO Y NEGRO, de Sananes Hnos.

HALLAZGO DE UN FÓSIL (1916)

En su edición del 8 de enero de 1916 el semanario “Caras y Caretas” informó sobre el hallazgo de un fósil en el Barranco de «La Pampa de la Alameda», en San Francisco del Monte de Oro, San Luis. El mismo tuvo “90 centímetros de largo, 6 muelas, 2 colmillos, 4 dientes, cada uno de ellos con 18 centímetros de largo y cada muela con 15 centímetros". Sin más detalle, se menciona que el hallazgo fue fotografiado por un corresponsal, antes de que dichos restos fuesen enviados al museo correspondiente. 

"Caras y caretas"
8/1/1916, Nº 901, página 24

LA HISTORIA DE SAN FRANCISCO DEL MONTE DE ORO, por Urbano J. Núñez

Escrito elaborado por el ilustre historiador, periodista y poeta Urbano Joaquín Núñez (1916-1980), en el que se reconstruye un vasto periodo de la historia de esta localidad. 
Hallándose en la ciudad de Santiago de Chile, el capitán Domingo Sánchez Chaparro, vecino de San Juan, solicitó el 5 de abril de 1673 al gobernador don Juan Henríquez, le hiciera merced de diez mil cuadras "[...] en un valle que llaman de San Francisco, en la jurisdicción de la ciudad de San Luis de Loyola de la Punta, veinte leguas de dicha ciudad hacia la parte de la sierra y sesenta leguas de la ciudad de San Juan, que corren desde la dicha sierra y rinconada que llaman de San Francisco, por mano derecha -hasta la punta de Quine, las Cañas y sus aguadillas, debajo de cuyos linderos está como un potrero que tendrá tres leguas de largo y una de ancho, que es lo principal de dichas tierras". 

Henríquez otorgó la merced que se le solicitaba el 4 de octubre de 1673 y Sánchez Chaparro tomó posesión de las referidas tierras el 16 de abril de 1674, declarando entonces el alcalde don Miguel Jerónimo de Orozco que "lo largo de ellas se ha de entender desde el principio de la rinconada por donde desemboca el arroyo, caminando para el Norte, llevando a la sierra por mano derecha, hacia las Cañas y aguadillas, el cerro y el río de Quine, y de tierra llana y mensurable, entrada y salida de dicho valle, desde Socoscora para el Norte y derecha del cerro de Quine". 

Esta posesión fue contradicha por el capitán Hernando Muñoz quien manifestó que hacía catorce años que habitaba ese paraje, donde se casó con Inés, hija del cacique Colocasi, dueño de esas tierras denominadas Chutunzo y de las que, el 10 de abril de 1699, el alférez, Francisco Chacón, por orden del teniente de corregidor, diera posesión a los descendientes del mencionado cacique. 

A mediados del siglo XVIII existió en el lugar una capilla dedicada a San Francisco de Asís, y don Julián Iturri impartía enseñanza a los niños del valle, pues el Cabildo, a solicitud del obispo Juan González Melgarejo, lo había designado maestro de esa población, llamada también San Francisco de la Falda y San Francisco del Monte. 

Don Julio Zuviría, comisionado por el gobierno para impulsar el progreso de San Francisco, manifestaba en 1857 que con mucho desorden y falta de equidad se hacia la repartición del agua de regadío, tarea "encomendada a la discreción de un juez especial el que, por ser tan mezquina la dotación de este destino, tiene que elegirse de entre la última clase de la sociedad". Para remediar ese mal, proponía a don Antonio Núñez, "vecino de este lugar y cuya integridad y honradez son notorias", quien estaba dispuesto a desempeñar el cargo de juez de aguas sin retribución alguna. 

El ameno rincón, que cuenta entre sus galardones la estadía augural del presbítero José de Oro y su visionario sobrino Domingo Faustino Sarmiento, recibió la benéfica influencia de las visitas de campaña efectuadas por los gobernadores Justo Daract y Juan Barbeito, en 1858 y en 1864 respectivamente. 

En este último año, el núcleo de la población antigua (lo que ahora se denomina Banda Sud) se agrupaba alrededor de la plaza que hizo delinear Barbeito y se componía de cuarenta y ocho vecinos, algunos de ellos indolentes para las obras de bien público, según las manifestaciones de la comisión de irrigación, integrada por Francisco Básquez, Juan Jofré y Miguel Pastor. 

Al informarse que se había destruido el techo de la capilla y que sus murallas estaban inútiles, en 1858 Daract nombró al presbítero Emeterio Lucero, a Ciriaco Sarmiento, a Miguel Pastor y a Benicio Orellano para que se encargasen de edificar un templo nuevo, del otro lado del rio. Este proyecto, si bien se vio demorado por la campaña del Paraguay y la posterior rebelión cuyana, fue el origen de la Villa Nueva o Banda Norte, como generalmente se la denomina. 

El 4 de agosto de 1868 se impartieron instrucciones para la distribución de sitios en esta nueva población, destinándose la acera del Poniente de la plaza para el templo y la escuela, en tanto que la municipalidad debía levantarse al Naciente. 

Para su delineación se ocuparon terrenos pertenecientes a Juan Gualberto Puertas, Bernabé Flores y Justo Sosa. Los trabajos de demarcación fueron ejecutados por los agrimensores Mamerto Gutiérrez y Amando Cousinet, de acuerdo con indicaciones de los consejeros Juan Pablo Saravia, Juan Barbeito y el presbítero Luis Joaquín Tula, que acompañaron al ministro Faustino Berrondo. 

A mediados de julio de 1871 el ministro Pablo Pruneda encargó al agrimensor Hermenegildo Adaro las tareas de delinear y amojonar la nueva villa, y a fines de ese año, durante la visita del gobernador Agustín Ortiz Estrada, correspondió a Gerónimo Gutiérrez abrir una calle recta para unir los dos núcleos de poblaciones. 

En los primeros días de julio de 1872 el juez Carlos Varela recibió orden de hacer plantar árboles en las plazas de cada una de las villas, "lo mismo que en toda la extensión de la calle nuevamente abierta de la Villa Nueva a la Plaza del señor Puertas, imponiéndole la obligación a cada vecino propietario del cuidado y conservación de las plantas que se hallaren al frente de sus respectivas pertenencias". 

Por decreto del 14 de diciembre de 1886 fue establecida la comisión municipal, la que presidió Pedro P. Segundo Concha con la colaboración de Jerónimo Acevedo y de Emilio Bertín como secretario y tesorero respectivamente. 

Con fecha 10 de setiembre de 1957 el interventor federal Horacio E. Raffo Quintana dictó un decreto ley por el que se disponía que "a partir del día 11 del corriente, la localidad de San Francisco, cabecera del Departamento Ayacucho, se denominará SAN FRANCISCO DEL MONTE DE ORO. 
Núñez, U. (4 de octubre de 1966) San Francisco, Noticias para su historia. El Diario de San Luis, pág. 3.

Acceso a San Francisco del Monte de Oro
(Foto 2012)